"Todo por mi sueño" - 7: Lola

Por la mañana en lo primero que pensó fue en su nuevo nombre. Debía sonar sexy, fuerte, respetable y un poco tierno también, nada vulgar que la aparte de los clientes de la talla de Victor Feng. Internet podría tener una respuesta interesante, como siempre, ya que Lidia solía consultar muchísimo la Simpedia por curiosidad y fue así que buscando nombres de cortesanas famosas de la antigüedad fue a dar con Lola Montez.
Lola Montez, condesa de Landsfeld, cuyo verdadero nombre era Elizabeth Rosanna Gilbert, fue una bailarina y actriz que se hizo célebre como bailarina exótica, cortesana y amante del rey Luis I de Baviera. Murió de neumonía a los 39 años y como indigente, pero eso nada tenía que ver con lo que significó su vida para Lidia. Desde lo que fue Lola como niña hasta la mujer en la que se convirtió le hizo sentir una empatía enorme y una gran admiración por ella, definitivamente adoptaría su nombre.
-Y bien, Lola, ¿qué harás el resto del día sin dinero?- se preguntó a si misma frente al espejo un tiempo después. La respuesta fue la misma que la mañana anterior: ejercicio, pero esta vez decidió salir a correr un poco.
Newcrest era una ciudad pintoresca, ya lo había notado, pero no estaba de más seguir conociéndola y teniendo contacto con sus vecinos. Si deseaba triunfar en su nueva profesión sin levantar las sospechas de nadie, debía ser cuidadosa y amable con las malas lenguas.
Apenas salió de su casa se topó con un muchacho que le llamó la atención y no perdió oportunidad para presentarse. Lidia era débil, muy débil a veces.

-Ey! Hola! Soy Lola, la nueva vecina.-
-Hola, mucho gusto, yo la verdad no soy de aquí, he venido a acompañar a un amigo a ver a su abuela.- respondió el muchacho - Mi nombre es Akira.-
-Pues igual es un gusto conocerte, Akira. ¿Y qué haces sólo aquí afuera? ¿Dónde está tu amigo? Disculpa... si es que puedo preguntar.- dijo Lidia buscando tema de conversación.
-La verdad es que es bastante aburrido hablar con esa señora, me arrepiento bastante de haberle dicho que sí a mi amigo cuando me pidió que lo acompañara. La cuestión es que salí a caminar un poco y lo cierto es que ahora estoy un poco perdido.-
-Bueno, no podré ayudarte mucho con eso porque apenas acabo de mudarme y no conozco bien el lugar, pero puedo invitarte a tomar algo a mi casa si quieres...-
Era difícil, casi imposible, decirle "no" a Lidia y Akira tampoco era tonto, así que aceptó.

Minutos más tarde y sin necesidad de mucho preámbulo, estaban en la cama. Akira resultó ser un amante espectacular, supo seguirle el ritmo a Lidia como pocos hasta ahora, pero al terminar ni siquiera atinó a buscar su billetera. Lidia se dio cuenta de que sentía vergüenza de pedirlo y no había tenido en cuenta ese detalle.
-¿Quién hubiera dicho que una visita aburrida a una abuela desconocida terminara tan bien?- dijo Akira sonriente.
-Yo tampoco creía que mi día comenzaría así.- dijo Lidia. Buscaba las palabras para decirle a aquel muchacho que lo que había sucedido tenía un precio pero estaba muda.
-Debería irme ya, seguramente me esperan a almorzar y ya es muy tarde, no quisiera hacer muy obvio mi descontento con la visita. No te ofendes, ¿no?- preguntó.
-Claro que no, pero podrías dejarme tu número si quieres.-
-Claro que sí, me encantaría volver a verte.-
Akira se despidió dejando a Lidia pensativa. ¿Quizás podría llamarlo después para explicarle? No, eso no hablaría bien de ella ni la haría respetable. Debía dejarlo pasar. De cualquier manera quizás Akira no tendría mucho dinero como hombres de la talla de Feng.

Por la tarde vio al cartero dejar algo en su buzón.
"Por favor, que no sean impuestos", pensó, aún no lograba conseguir más simoleones. Desgraciadamente sí lo eran y le temblaron las piernas al ver que debía más de 4000.
-Demonios...- dijo por lo bajo. Tendría que pedir ayuda para pagar esta vez.
Sólo tenía dos opciones: Mauricio y su madre, pero no quería abusar de la generosidad de Mauricio, así que le escribió a Sandra. Mientras esperaba una respuesta bebió un vaso de leche, el hambre no cesaba.
Sandra respondió 15 minutos después pero no eran buenas noticias. El padre de Lidia le había cortado todas sus tarjetas de crédito para que no pudiera ayudarla.
-¡Demonios! ¡Demonios! ¡Demonios!- exclamó. En ese momento recibió un mensaje de un número desconocido: "Hola cariño, Alberto me dio tu número, ¿podemos vernos ahora cerca de la hamburguesería?"
Una mezcla de nervios y felicidad le recorrió el cuerpo y respondió inmediatamente: "Claro, en seguida estoy ahí"
-¡Por aquí, cariño!- le dijo el hombre que la había llamado. Vestía un poco raro, como si su reloj biológico y su vida se hubiese detenido en los años 70.
-Hola...- dijo Lidia, esperando escuchar el nombre de su amante desconocido.
-Baako, mi nombre es Baako. ¿Tu nombre cariño? Alberto dijo que no pudo escucharlo bien dentro del bar.-
-Lola- dijo Lidia sin dudar. Se sentía segura bajo su nueva identidad, segura y cómoda. Sobre todo al enterarse de que Victor no recordaba que se llamaba Lidia.
-Bien, Lola, se me ocurrió que podrías proponerme a dónde ir. Tenía ganas de hacer algo distinto esta tarde.-
Lidia miró a su alrededor. La gente de la hamburguesería los ignoraba completamente, quizás nadie conocía a Baako como tampoco la conocían a ella. Un poco más allá vio unas rocas y un hermoso cerezo y se le ocurrió algo divertido.
-Qué tal si...- Lidia le habló al oído a Baako de manera sensual y le propuso arriesgarse un poco.
-Suena perfecto- respondió él.
Tener sexo al aire libre con la adrenalina de poder ser vista no era algo nuevo para Lidia, pero quizás sí para Baako y satisfacerlo a él con nuevas experiencias también la excitaba.

-Cariño, eso ha sido maravilloso y ten por seguro que volveré a llamarte-
-Espero que sea pronto- respondió Lidia.
-Escucha, Alberto no supo decirme cuál es tu precio...-
-Bueno, he venido hasta aquí así que serán 700 simoleones. Para la próxima si quieres puedes ir a casa para que estemos más cómodos... y quizás veas algo ahí que te interese...-
-De acuerdo, cariño, te llamaré. Y por favor, sé discreta, soy un hombre casado-
Lidia entró al baño de la hamburguesería sin que nadie la viera para higienizarse un poco y emprendió el camino a casa, feliz de tener un poco más de dinero para afrontar las facturas de luz, pero al pasar cerca de un bar vio a Akira con su amigo a punto de entrar.
-Ey, Lola! ¡Ven a pasar un rato con nosotros!- le gritó al verla. Lidia decidió acercarse.
-¿No se han ido aún?- preguntó.
-Pues, nos despedimos de Doña Roberta y supuestamente ya estamos en viaje, pero quisimos divertirnos un poco antes. Él es Juan- dijo Akira señalando a su amigo.
-Yo te conozco. Nos hemos visto hace un par de noches en el antro.- dijo Juan -Había venido con otro amigo a pasar música-
-Ah... si, ya te recuerdo- dijo Lidia e intentó cambiar de tema - ¿Van a entrar?-
-Pues, si, pensábamos entrar un rato antes de irnos. ¿Vienes con nosotros?-

Lidia pasó un agradable rato conversando con Juan mientras Akira iba al baño y aprovechó para seducirlo. Era un hombre muy interesante.
-¿No pierdes tiempo, verdad? ¿Acaso no estuviste con mi amigo esta mañana?- preguntó él. Lidia se sintió obligada a dar explicaciones cuando no debía.
-Podría estar contigo y con varios hombres más si quisiera. Acaso él te dijo que estábamos enamorados o algo?- respondió un poco malhumorada.

En ese momento Akira regresó del baño. Lidia se levantó, lo tomó de la mano y lo llevó hacia el reservado. Luego lo besó apasionadamente, no pudo evitarlo al recordar lo que él le había hecho sentir horas antes.
-Mira cariño, lo de esta mañana fue maravilloso pero hay algo que debo decirte: si quieres repetirlo tendrás que pagar. Tu amigo cree que entre nosotros quizás hay algo y siento que debo aclarártelo. No lo tomes a mal, pero no he nacido para enamorarme-
-¿Me hablas en serio? ¿Eres una prostituta? ¿Por qué no me lo dijiste esta mañana?- preguntó Akira asombrado.
-Mira, no sé por qué, pero creo que puedo confiar en tí. Esto no es algo que yo haya elegido y es temporal, así que esta mañana simplemente no tuve valor de pedirte el dinero.-
-Me apena escuchar eso  y ahora me siento una mala persona.-
-No pienses así, la he pasado muy bien contigo, simplemente necesitaba aclarártelo. Esta corre por mi cuenta, no te preocupes -
-Oye, Lola, me caes muy bien. No tengo mucho dinero pero al menos déjame invitarte a un trago, ¿si?-
-De acuerdo.- dijo Lidia sonriente - Espérame en la barra.-

Lidia fue hasta el baño a refrescarse un poco e intentar calmarse. Le había costado bastante reunir el valor para decirle a Akira a qué se dedicaba, quizás porque tenía casi su edad y temía que reaccionara juzgándola. Estaba acostumbrada a tratar con hombres de la edad de Mauricio y aún mayores, hombres casados que hacían todo a escondidas cuidando también su intimidad. Al invitar a Akira a su cama esa mañana no contempló eso, sólo se dejó llevar y ahora temía que la repercusión de su estilo de vida sea diferente y salir perjudicada.
Mientras estaba en el baño una joven se le acercó y le dijo sin rodeos: -No creas que vas a venir a llevarte a nuestros hombres así como si nada. Conozco a las mujeres como tú, no lo hacen por deporte... esta es nuestra zona,cariño, tú búscate la tuya.- Luego se alejó sin más. Por lo que Lidia entendió, al parecer no era la única que intentaba ganarse la vida así en Newcrest.

...continuará

Anexo: ¿Quién fue Lola Montez?




Comentarios