"Todo por mi sueño" - 6: Necesidad.

A Lidia le costó conciliar el sueño aquella noche, no estaba segura de haber hecho lo correcto con Alberto, pero también sabía que no podría sobrevivir con 1000 simoleones por mucho tiempo.
Por la mañana decidió enviar algunos curriculums por mail a empresas que había sentido nombrar por su padre, quizás su apellido le abriera algunas puertas a pesar de aquel documento casi vacío por su falta de experiencia y corta edad. Después decidió hacer un poco de ejercicio para liberar toxinas.
Al terminar con la sesión moría de hambre y sabiéndose dueña de 500 simoleones más creyó que podría darse el gusto de cocinar algo sencillo, unos macarrones con queso. Jamás en su vida había usado una cocina, Lidia siempre tuvo la vida fácil, así que la experiencia no le salió muy bien. Cuando las llamas comenzaron a consumir su camisón y su pelo se apresuró a extinguirlas, pero nada quedó de aquel anhelado plato de macarrones. Maldijo a las llamas, al gas, a la cacerola y a todo lo que se le cruzó por la mente y luego fue a darse un baño, pero el hambre seguía allí.
Decidió entonces probar con un plato frío, una ensalada que sabía a plástico quemado, porque aún olía a humo en toda la casa y cargaba con él en sus papilas. Tendría que abrir todas las puertas y ventanas y salir un poco para desintoxicarse, así que recorrió la casa en busca de que el viento haga su trabajo y luego pasó un buen rato en el jakuzzi, ese que tanto le gustaba disfrutar con Mauricio en las tardes de otoño. Estar sola allí no era igual de divertido, pero al menos podía ayudarla a relajarse un poco luego del accidente que había tenido en la cocina.
Pasadas las 5 de la tarde notó que el sol ya tenía ganas de ocultarse, era increíble como se habían acortado los días con la llegada de la estación color sepia. "Debería salir ya" pensó, aunque le costó tomar la decisión porque el agua se sentía maravillosa. Corrió adentro perseguida por el frío que llegaba avasallante y se volvió a vestir. Por suerte había traído varios de sus sombreros y gorros, tenía tendencia a sentir mucho frío en las orejas y usarlos la hacía sentirse más cómoda. Luego revisó los mails en busca de respuestas a sus propuestas de trabajo y se encontró con respuestas negativas de cada lugar. Su padre había dado la orden de no aceptarla como empleada para obligarla a volver por necesidad. Definitivamente el día no iba bien.
-¡Maldito seas, papá! ¿Quién te crees que eres? ¡No eres dueño de mi vida!- gritó en medio del silencio de la casa. ¿Qué hacer ahora? Tal vez buscar algún trabajo mediocre de medio tiempo en una cafetería... o quizás...
Lidia comenzaba a pensar que lo sucedido la noche anterior podría ser una solución rápida a sus necesidades, a TODAS sus necesidades. Después de todo, si era capaz de acostarse con cualquiera solo por gusto, bien podría vivir de eso al menos por un tiempo. Pero debía consultarlo con Mauricio.

-Escucha, no quiero que quedes prendado de esto, sé que es tu casa y por eso debo consultarte- comenzó diciendo - pero creo que podría ser un buen negocio y he pensado en que hasta podría darte una parte de las ganancias si me fuera bien-
-¿De qué hablas, Li?- preguntó Mauricio desconcertado al otro lado del teléfono.
-Es que anoche vine a casa con un tal Alberto, un hombre bien vestido con rasgos orientales. De verdad que la he pasado muy bien con él, pero al terminar me ofreció dinero confundiéndome con una prostituta y...-
-¿Alberto? ¿Oriental? Me temo que te ha mentido con su nombre, cariño. El único hombre con rasgos orientales que frecuenta los bares de Newcrest es Victor Feng, un político muy adinerado de San Mishuno. Pero volvamos a lo que me decías... ¿cómo es eso de que te ofreció dinero? ¿acaso lo aceptaste?-
-Pues en principio me sentí indignada y luego me rugieron las tripas. Mauri, te soy sincera, no creo que sea momento para pensar en mi dignidad. Mi padre me ha bloqueado todos los caminos posibles con sus conocidos y no dudo de que me haga echar hasta de una cafetería si comenzara a trabajar mañana allí.-
-Bien, creo que estoy entendiendo por dónde vas...-
-Pues eso mismo, que estoy pensando seriamente en aceptar dinero a cambio de sexo, pero es claro que necesitaré usar tu casa como base y para eso necesitaré tu consentimiento.-
-Ay, Li... acabo de salir de una reunión complicada y me cuesta procesar lo que estoy escuchando. ¿Estás segura de lo que me estás proponiendo?-
-No tengo opción... aunque ahora que lo pienso hasta podría ser divertido, ¿no crees?-
-Divertido para tí que puedes tener a quién quieras... ¿acaso yo también tendré que pagar por tus "servicios"?- dijo Mauricio en un tono seductor.
-Tú no, tú me tienes cuando quieras y cómo quieras a cambio de nada.- respondió Lidia.
-Mmm... entonces pasaré a "cobrarme el alquiler" lo más seguido que pueda.-
-Todo lo que pueda darte será poco, Mauri. Puedes hacer de mí lo que te plazca. Lo sabes, ¿no?-
-Lo mismo dijiste aquella noche en mi portal...-
Con el consentimiento de Mauricio, Lidia se sentía mejor. Había tenido un día horrendo que terminaba con la esperanza de que todo cambiaría para bien.
Lidia pensó que aquel hombre llamado Victor usaría un nombre falso quizás por ser casado o demasiado conocido y se le ocurrió inventarse un seudónimo ella misma para poder dejar esta etapa atrás algún día y además evitar que su padre se enterara. No es que le disgustara el hecho de ganar dinero con algo que amaba hacer, sino que podría jugarle en contra en el futuro. Lo pensaría muy bien, no quería usar un nombre obvio ni desagradable, tan solo debía ocultar su nombre real. ¿Quizás también un cambio en su apariencia?
Cuando cortó y se relajó lo suficiente, inevitablemente terminó masturbándose. Era para ella como el pan de cada día, no recordada haber dejado de hacerlo desde aquel primer momento en que descubrió cómo. Lidia se excitaba con sólo pensarlo o con el más mínimo estímulo, un suspiro, una caricia, le costaba distinguir lo que otros llamaban "cariño" de lo que a ella le erizaba la piel. En aquel momento, la excitó la idea de estar solo en brazos de aquel que comprendiera lo que valía poseerla.

-Demonios, muero de hambre- pensó al terminar y no hubo más remedio que recurrir al yogurt con zumo para poder después conciliar el sueño. En la mañana todo sería diferente, pensó, y se quedó dormida imaginándose con una nueva identidad...
...continuará

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