008 Santos - XV: Otro punto de vista

Mientras Ariel caminaba de lado a lado en la celda, incómodo y preocupado, Melina lo observaba sin que se diera cuenta. Le costaba creer que ese ser tan frágil que la había enamorado sea capaz de semejante atrocidad, pero a la vez sentía que era más que culpable.
-Ariel, ¿eres gay?- se animó a decirle de pronto.
-No lo soy.- respondió él sorprendiéndose con su presencia.
-Entonces, con Antonio...-
-Tomé demasiado y me dejé llevar. Pero si necesitas ponerme un adjetivo, elige cualquier sinónimo de puerco. He estado también con otros hombres, pero no soy gay.-
-¿Eres un necrófilo?-
-¡Por supuesto que no lo soy! Y si necesito renunciar a mi carrera para demostrarlo, lo haré.-
Melina continuó preguntando como una máquina, sin mover un músculo. Necesitaba saber.
-¿Eres un asesino?- dijo finalmente.
-No, no lo soy. Por eso estoy aquí. Si hay otra victima estando yo encerrado, quizás  puedan confiar en mi inocencia. Melina, yo...-
-Déjalo.- dijo Melina y abandonó el pasillo de celdas presurosa. Quería confiar en él pero no podía, quizás solo era por despecho como le había dicho Santos, debía calmarse.

Volvió a la oficina intentando no llorar otra vez y encontró a Javier en el camino. 
-Melina, no sé si es momento para esto o si el detective estará de acuerdo, pero conozco a alguien que podría ayudarnos-
-¿Y ahora lo dices, Javier? Hoy encontramos 4 muertos... ¡4!, sin contar el resto.-
-Es que no es un simple testigo, no sé si estarán de acuerdo en aceptarla como compañera. Verás, su nombre es Cassandra y sus habilidades van más allá del entendimiento de muchos.-
-¿De qué hablas, Javier?-
-Es que ella nota y sabe cosas que nosotros no podemos. Yo confío en ella, pero sé que mucha gente no cree en eso y el detective y tú no tienen mucha pinta de creer...-
-Pues mira, como creer no sé si lo hacemos, pero necesitamos toda la ayuda posible. Veré si Santos está de acuerdo. Quizás no perdamos nada con conocerla.-
-Claro que no, ya lo verás.-

Santos intentaba inútilmente encontrar algo en los archivos. Todo tenía un mínimo de 50 años en esas carpetas mohosas, además de ser datos incoherentes e inconsistentes muchas veces. Ya sea por culpa de gente incompetente o por la tremenda tranquilidad de Windenburg, la historia legal y datos civiles de esa gente era difusa.
-¡Maldita sea!¡Años de carrera y estoy estancado!¡No lo tolero!- vociferó.
Melina entró en ese momento a comentarle lo que le había dicho Javier. Santos se mostró incrédulo por un momento, pero luego terminó por aceptar la propuesta. 
-Mira, Melina, en este momento estoy desesperado y lo sabes. Intento mantenerme tranquilo pero la verdad es que esta vez me siento superado. No hay pruebas, no hay registros, no hay verdades absolutas... ¡sólo nos falta una adivina para completar con esta bizarra historia! Dile a Javier que la cite, en todo caso si es una charlatana al menos nos reiremos un rato.
-Javier es un hombre inocente, Santos, puede que esta tal Cassandra solo sea una charlatana como dices, pero no perdemos nada con conocerla y de paso dejamos que ellos colaboren en el caso. Hemos venido a invadirlos y hasta ahora no hemos dejado que nos den una opinión.-
-Tienes razón, no perdemos nada, será solo un momento. Iré por unos documentos al otro ordenador y por un café, luego nos vamos. ¿Tú cómo estás?-
-Confundida y algo mareada. Nada que un buen baño no me quite, supongo.-
-De hecho tienes las mejillas un poco rojas...-
-Pues se sienten "rojas" la verdad...-

-Javier, Melina y yo nos retiramos por hoy. No se siente muy bien. Cita a tu amiga Cassandra para mañana a primera hora. Melina, olvidé preguntarte sobre el nuevo forense...-
-Todo está en marcha, Santos, Cintia se encargará de todo y los oficiales nos mantendrán informados.-
-Pues bien, hasta mañana entonces, oficial.- dijo Santos dirigiéndose a Javier.
-Hasta mañana Detective. Hasta mañana, Melina. No se preocupen, Daniel y yo cubriremos la guardia. Él tomará el primer turno y yo los recibiré mañana.-

-Siento que nos fuimos de aquí hace días... es increíble lo bien que me siento en esta casa...- dijo Santos al llegar.
-Santos, no me siento nada bien, la verdad-
-Mira, prepararé algo de comer, veremos una película, te darás un buen baño caliente y ya verás como todo pasa.-
-No lo sé, Santos, quizás necesite un médico.-

Mientras Santos y Melina veían una aburrida película de acción para distraerse de su rutina, Melina comenzó a sentirse realmente mal. Sentía que su cuerpo ardía y su cabeza estallaba.
-Es todo, Santos, iré por el médico.-
-Eso no es necesario, Melina, solo toma un poco de medicina y métete en la bañera de una vez. Lo que tu tienes es un simple resfriado. Tú no lo notas, pero estás hablando raro desde la mañana. Quizás sea tu garganta.-
-Ahora que lo dices, la verdad es que duele un poco, si.-
Melina tomó la medicina que Santos le indicó y luego del baño realmente se sintió mejor.
Santos siempre había sido para ella como un padre. A veces se enfadaba porque él la trataba como una adolescente, pero a la vez se sentía muy segura y acompañada. Los padres de Melina nunca habían sido demasiado cariñosos con ella, más bien le habían comprado cuanto juguete existiera para reemplazar sus abrazos. No eran malos, no, simplemente creían que así debía ser tener un hijo.
Mientras estaba en la bañera, intentó ser sincera consigo misma con respecto a Ariel y decidió creerle, después de todo Santos también tenía dudas y ella confiaba en su criterio.
-Tenías razón, me siento mucho mejor.-
-Te lo dije. Vamos a dormir ya.-

La mañana siguiente traía otros aires. Si bien el caso seguía siendo confuso y parecía no haber forma de resolverlo, Santos y Melina habían renovado su compromiso.
-Mi espalda parece no haberse enterado de que ya me siento mejor, Santos. Creo que necesito unos masajes.-
-¿Pues no habías dicho que Cintia te había invitado a pasar el rato? ¿Por qué no sales un poco con ella? Podrían ir al spa de la zona turística. Somos detectives, no esclavos, cuando lo necesites puedes tomarte un día.-
Dentro de la comisaría Cassandra y Javier ya estaban esperándolos.
-Javier, no te preocupes, ellos confiarán en mí. Creeme, ¡lo sé!- dijo Cassandra risueña.
-Tienes razón Cas, qué tonto soy al preocuparme. Escucha, mientras ellos llegan... ¿podría hacerte una consulta?-
-Te refieres a tu novia y no tengo buenas noticias. Tampoco creo que hoy tengas un buen día. ¿Aún quieres saber?-
-Demonios, no, déjalo así. La advertencia me basta, intentaré cuidarme y estar atento.-
En ese momento Santos y Melina llegaban para hacer las presentaciones formales.
-Cassandra, ¿verdad?- preguntó Santos.
-Santos Herrera, Detective y Melina Cuesta, su asistente. Encantada de conocerlos. No me den crédito por eso, Javier me dijo sus nombres.-
-Verá, el oficial Carrasco nos informó que usted podría ayudarnos con el caso. No se ofenda, pero me cuesta creer en estas cosas. ¿Podría usted darnos alguna demostración?- continuó Santos.
-Pues no he traído hoy mi varita mágica, pero si quiere puedo decirle en quién piensa en este momento o que el hombre pálido que aún duerme en una de sus celdas es inocente-
-Javier, ¿le has contado algo?- preguntó Melina sorprendida pero un poco incrédula.
-No, señorita, no me ha contado nada. Pero tiene razón en que mi demostración no es válida. Quizás debería decirle a usted que su abuelo no se encuentra nada bien y que su abuela no ha querido llamar para no preocuparla-
Melina empalideció de golpe y corrió al teléfono. Al hablar con su abuela constató que efectivamente su abuelo Juan había sido hospitalizado dos veces desde que ella había llegado a Windenburg. Miró a Cassandra en busca de respuestas y antes de que pudiera preguntarle cómo lo sabía, ésta respondió:
-Simplemente lo sé. Creame, yo tampoco pude explicármelo nunca.-
Cassandra se despidió una hora después dejando todas sus observaciones flotando por el lugar. Aseguró que Ariel no era culpable de los asesinatos y que se estaban enfrentando a algo que no podrían manejar, pero por alguna razón no quiso ser demasiado específica. Al marcharse, antes de que Santos pudiera decirle que querría hablar nuevamente con ella en otra ocasión, ella se detuvo y dijo: -Yo los buscaré cuando tenga más certezas. Esto es grande, aún para mí-
El resto de la mañana fue un constante bombardeo de preguntas a Javier sobre Cassandra con exceso de café. Javier sólo pudo contar algunas anécdotas, porque la verdad es que ignoraba la historia de Cassandra antes de conocerla.
Al mediodía Santos decidió salir a almorzar con Melina. Aún esperaban la llegada del nuevo forense y los resultados de la autopsia de los 3 cuerpos encontrados en la casa de Ariel. Mientras comían tomaron la decisión de implementar al fin un toque de queda. Si Cassandra estaba en lo cierto respecto a Ariel, el asesino seguía ahí afuera.

Javier terminaba de almorzar cuando escuchó un ruido en la oficina de archivos. Pensó que tal vez tendrían ratas otra vez, vivir rodeados de canales y alcantarillas oscuras lo volvía algo normal, pero al entrar se encontró con una visita inesperada.
-¿Florencia? ¿Qué demonios haces aquí? ¡¿Cómo se te ocurre entrar así a una comisaría!?- exclamó al ver a la mujer sentada en el ordenador, navegando tranquilamente como si fuese su casa.
-¿Javier? Ya me parecía que tendría que ser un incompetente el oficial de guardia como para haber podido entrar así sin que me arresten...-
-Qué caraj... ¿qué es lo que quieres? ¡Sal de aquí! ¡Me comprometes!-
-Pues lamento comunicarte que no me iré en mucho tiempo, soy la nueva forense asignada al caso, es que a algunos sí nos da la cabeza para tener una carrera...-
-¿Sigues enojada después de tantos años? No puedo creerlo... ¿De verdad tengo que explicarte que teníamos 13 años cuando falté a aquella cita en el parque?-
-Pues no, no quiero tus explicaciones. Y sí, sí sigo enojada. ¡Justamente porque teníamos 13 años! Seguramente te has convertido en un rufián mujeriego ahora, ¿no es así? En ese entonces te gustaba Carla y no yo,  ¿no es cierto?-
-¿Quién demonios es Carla? ¡Ni siquiera la recuerdo!-
-¡Pues yo sí recuerdo! ¿Qué clase de criatura inocente es un desalmado a esa edad como para lastimarme así? Hasta mi madre sabía que íbamos a vernos y gastó el dinero que no tenía en un nuevo moño para mi pelo...-
-¿Sabes qué? No puedo tolerar esto ahora.- dijo Javier mientras salía molesto de la oficina.
-Ni ahora ni nunca, sigues evitándome, desgraciado.- murmuró Florencia por lo bajo mientras él se iba.

-Detective, la nueva forense está aquí y quiere matarme... si no lo hago antes yo- dijo Javier al teléfono. Definitivamente a esto se refería Cassandra con lo de no tener un buen día.

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