008 Santos - IX: Desesperación.

Santos no estaba seguro de estar haciendo lo correcto o lo que realmente deseaba, pero no sabía por qué era incapaz de negarse ante los pedidos de aquella intrigante mujer. De pronto se vio esperándola y se sintió como un tonto adolescente, quizás hubiese sido mejor inventar una excusa.

Mientras dudaba en irse viendo un punto fijo en el horizonte, escuchó que alguien se acercaba. Era tarde para huir.
-Hola.- dijo ella. Sus ojos estaban rojos.
-Hola.- dijo Santos - ¿Sabe?, no debería haber venido.-
-Por favor, quédate, es solo un momento. Me tranquiliza hablar contigo, ya no puedo más...- y cayó de rodillas a sus pies.
Aquella mujer de pálida piel y labios rojos parecía estar inundada de penas y Santos, sin saber cómo, sentía que debía ayudarla.
Había una clara razón por la que había elegido ser detective y era por su afán de hacer justicia. Santos era perfectamente capaz de ponerse en el lugar de otros, pero aún no sabía demostrar cariño de forma física ni verbal, al menos no con desconocidos. Quería ayudarla, ella decía confiar en él, así que solo atinó a decirle que se siente junto a él y se lo cuente todo, ya después vería qué hacer.
-Finalmente esta mañana me ha dejado por teléfono. Ni siquiera ha sido capaz de llamarme, sólo envió un mensaje diciendo que jamás me había querido y que había llegado a sentir asco de mí...-
Ya no lloraba, quizás su caudal se había agotado. Su voz temblaba y era débil.
-¿Asco? ¿Lo dice en serio? ¡Es usted una mujer hermosa!- dijo Santos intentando ser gentil.
-¡No es cierto! Lo dices para complacerme-
-Claro que no, yo no miento, ¿qué sentido tendría?. Es usted una mujer hermosa y seguramente él le ha dicho eso para hacerla enojar y facilitarle las cosas. La bronca es más fácil de tolerar que la tristeza.-
-¿Cómo sabes que es así?-
-Bueno, en mi profesión debemos estar muy atentos a las actitudes de la gente, a lo largo de los años he aprendido muchas cosas sobre relaciones humanas y sociedad. ¿Y sabe qué? Es un buen gesto de su parte el intentar que no esté triste. Lo escribió porque no fue capaz de mentirle al llamarla y tampoco se presentó aquella vez por la misma razón. Quizás temía no poder dejarla al verla llorar. Creo que la aprecia mucho y que tampoco está feliz de hacerle daño.-
-Hablas como si lo conocieras y como si no me conocieras a mí. ¿Por qué sigues tratándome de "usted"?-
-Lo siento, es que es una costumbre del trabajo-
-Llámame por mi nombre y trátame de "tú", que siento que estoy hablando con el cura del barrio- y esbozó una leve sonrisa mientras lo miraba fijo a los ojos. Santos no pudo sostener mucho tiempo la mirada y la apartó.
-De acuerdo, Caterina, te trataré de "tú", pero sólo si me prometes dejar de llorar cada vez que nos encontremos.- dijo Santos mirando al suelo.
-Lo prometo si me prometes que de verdad habrá más encuentros.-

-Ariel, ¿Santos está contigo?- dijo Melina al teléfono.
-No, Melina, él no ha estado por aquí. ¿Acaso te dijo que venía?-
-No, no me dijo dónde iba, pero no se me ocurrió que estuviera en otro lugar a estas horas. Intentaré llamarlo al móvil, tenemos una situación aquí.-
-Estaba saliendo para allí, ¿qué sucede?-
-Espera a llegar, ya te enterarás.-

Ariel no tardó en llegar y Melina le contó lo que había sucedido. Estaba entusiasmada, si realmente este joven estaba involucrado con los asesinatos finalmente podría volver a San Myshuno en paz.
-Melina, no cantes victoria aún, no quisiera que te desilusiones. Déjame hablar con él antes de que llegue Santos, veré si puedo encontrar algo que me indique que puede ser el autor de tantas muertes.-
-De acuerdo, pasa, pero ten cuidado. La verdad es que el chico no da miedo en lo absoluto, pero ya sabes cómo son los psicópatas.-
-Claro, quédate tranquila, nada sucederá. El chico se entregó, es probable que esté arrepentido, hay pocas probabilidades de que me haga daño.-
 -Así que has matado a alguien... Mira, el detective está por llegar, pero debo hacerte unas preguntas antes, ¿estás de acuerdo?-
-He matado a un hombre, ya lo he confesado, ¿qué más necesita saber?-
-Pues, principalmente a quién has matado y de qué forma, lo demás te lo preguntará el detective.-
-He matado al amante de mi madre, José Rodriguez, le clavé un puñal. ¡El desgraciado la ha dejado embarazada y dijo que jamás abandonaría a su esposa!-
-¿Puedes decirme en qué parte del cuerpo lo apuñalaste?-
-No lo recuerdo, estaba enfurecido. Sólo sé que le he hecho daño a mi madre y debo pagar por lo que hice.-
-De acuerdo. El detective Herrera legará en un momento y vendrá a hablar contigo.-

-¿Qué has averiguado?- preguntó Melina aún eufórica.
-Lamento decirte que no creo que ese chiquillo haya sido el autor de todo esto. Principalmente no ha dicho nada sobre los otros dos cadáveres, sabemos que el autor es el mismo, la autopsia de Miguel Cordera es casi una fotocopia de las otras dos. Y en segundo lugar he visto que no para de temblar. Creo que tiene miedo, que no está seguro de lo que está haciendo.-
-Maldición, pensé lo mismo cuando lo vi, pero quería creer que estaba equivocada. Mira, ahí viene Santos.-
-Melina, ¿qué has hecho con el sospechoso? ¿Está en la sala de interrogaciones?- preguntó Santos al llegar.
-No, Santos, creí que sería mejor llevarlo a una celda. Estaba sola y hasta me dio miedo hacer eso, pero el chico vino por su cuenta y no se resistió. Ariel ha estado hablando con él y queremos comentarte algo antes de que entres a verlo.-
-Dímelo ya, que me muero de hambre. Amo mi trabajo, pero realmente jamás entendí por qué las cosas importantes siempre suceden a la hora del almuerzo o de madrugada.-
-O en lugares tan inhóspitos- agregó Melina.
-Pues mira Santos, es que no creo que este joven sea el autor de los crímenes. Debe pesar como mucho sesenta kilos, está muerto de miedo y no dijo nada sobre las otras dos víctimas.-
-Confío en tu criterio, Ariel. Iré a hablar ahora con él, a ver si sacamos algo en claro.-
-Iré contigo para ver si cambia algo en su declaración.-
-Pues yo me quedaré aquí bebiendo un rico café para ahogar mis penas.- dijo Melina suspirando. Estaba tan cerca como lejos de salir de allí para siempre, no podía con su ansiedad.

-Dime tu nombre, chico.- dijo Santos al entrar a la celda. Solo con verlo supo que era muy probable que Ariel estuviera en lo cierto.
-Me llamo Rafael Castillo, señor.-
-Bien Rafael, quiero que me cuentes porqué has tomado la decisión de matar a un hombre, a quién es que mataste y cómo lo has hecho.-
-Ese desgraciado de José Rodriguez, el almacenero, era el amante de mi madre y la ha dejado embarazada. Cuando mi madre se lo dijo, él le gritó que jamás abandonaría a su esposa y nunca más volvió a verla. Cuando vi a mi madre tan mal le pregunté qué sucedía y me lo contó. No pude tolerarlo, le dije que él debía pagar por lo que había hecho y ella lo defendió diciendo que también era su culpa. ¡Ese maldito hizo que me enfureciera con mi madre y la golpeara! ¡Por eso lo maté!-
-Y dime, ¿por qué mataste a Miguel Cordera y a Rodrigo Arenales?-
-¡Yo no maté a esos dos! ¡No sé quiénes son! ¡Sólo maté a José Rodriguez!-
-Dime, ¿también eran amantes de tu madre?-
-¡No le permito que hable de mi madre como si fuese una cualquiera! ¡Ella lo amaba! Y ambos le hemos hecho daño, ¡debo pagar por eso!-
-De acuerdo, Rafael, pasaras la noche en la celda y mañana hablaremos mejor.-
-Lo merezco, merezco pasar el resto de mi vida aquí adentro por haberle hecho daño a mi madre.-

-¿Qué crees, Santos? ¿Piensas como Ariel?- preguntó Melina preocupada.
-Si dice no haber cometido los otros dos crímenes, es muy probable que no sea el culpable tampoco de la muerte de José Rodriguez. Dejémoslo pasar la noche aquí y mientras tanto investiguemos con su entorno. Hay que ubicar a su madre.-
En ese momento Daniel llega corriendo a la comisaría.
-¿Rafael está aquí? Su madre está muy procupada, dice que se fue de su casa hace horas. Entró en su cuarto creyendo que se había quedado dormido y no lo encontró allí.-
-¿Acaso los conoce, oficial? Necesitamos hablar con ella. El chico dice haber matado a José Rodriguez, pero no le creemos.- se apresuró a decir Santos.
-Claro que los conozco, Viviana es una amiga de la infancia y Rafael es incapaz de matar ni a una mosca, ¡eso es absurdo! Viviana me dijo que anoche discutieron, Rafael tiene la costumbre desde muy chico de buscarme cada vez que lo hacen porque se siente culpable de insultarla.-
-Es pronto para decir eso, oficial, pero llame a su madre para ver si logramos estar seguros. Mientras tanto si quiere hable con él, quizás en confianza pueda darnos detalles importantes.-

Viviana Castillo fue citada para las tres de la tarde. Le aclararon que su hijo estaba ahí para que no se preocupara y cuando se presentó la pusieron al tanto de lo que les había dicho. Ella y Daniel volvieron a contarle a Santos que Rafael tenía esa misma costumbre desde niño, pero no entendían por qué se culpaba de la muerte de José Rodriguez. Decidieron que pasara unos días en la celda para ver si insistía o recapacitaba, mientras se aseguraban de que estaba mintiendo. Su madre estuvo de acuerdo.

Aquella tarde Melina estaba más triste que de costumbre y Ariel insistió en salir a caminar con ella.
-Te hará bien, ya verás, te mostraré lo bonito de este lugar.-
-De acuerdo, lo que sea por olvidarme un momento de todo esto-
-Pasaré a buscarte esta noche por el hotel, sólo será un paseo y prometo hacerte reír.-

Melina se sintió una adolescente mientras se vestía, creía que había llegado el momento de saber si Ariel le correspondería o no sus sentimientos. Quizás él se le declararía esa misma noche, ninguna otra cosa podría hacerla sentir mejor en ese lugar que tanto la rechazaba.


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