008 Santos - V: Allá afuera

-Así es, mismas heridas, misma arma, misma fuerza. Si debo sacar una conclusión, sinceramente creo que es obra del mismo asesino.-
Ariel acababa de confirmar las sospechas de Santos.
-Con respecto a Rodriguez has averiguado algo más?- preguntó Melina.
-Nada. Y me temo que tampoco encontraré nada más en este cuerpo. Sólo hice una inspección por encima pero a simple vista creo que tampoco ahora el asesino dejó rastros.-
Melina miró a Santos en busca de una orden o un comentario, pero Santos estaba mudo, mirando un punto fijo de un rincón como tantas otras veces.
-Gracias Ariel, esperamos el informe oficial cuando esté listo.- dijo Melina en un tono ya no tan dulce. Su vuelta a casa estaba cada vez más lejos y no sabía si podría adaptarse muy bien a las raras costumbres de los lugareños. En el hotel, cada vez que entraba o salía, todo el mundo la miraba sin disimulo para luego hablar por lo bajo sobre quién sabe qué.
-Claro cariño... ¡lo siento!... No debí llamarte así, a veces peco de exceso de confianza.- exclamó Ariel apesadumbrado. Santos reaccionó sólo para reír por lo bajo y alejarse del lugar. A Melina su actitud le pareció extraña, normalmente hubiese tenido un ataque de celos. Quizás Ariel había pasado la prueba, aunque sería la primera vez que esto estaría sucediendo.
-Bien, ya voy a retirarme, que bastante he abusado ya quedándome a almorzar. Apenas tenga el informe me tendrán otra vez por aquí y no duden en llamarme si me necesitan.- dijo Ariel esquivando la mirada. Melina notó que estaba sonrojado, no era fácil disimularlo teniendo la piel tan clara como la tenía.

Melina fue tras Santos.
-Santos, qué quieres que hagamos ahora?-
-No nos queda otra opción más que hablar con los habitantes de Windenburg e intentar rescatar información coherente. No tenemos archivo y al tratarse de un mismo asesino es obvio que existe un motivo que estamos pasando por alto. Aunque el motivo sea que tan sólo es un psicópata eligiendo al azar...-
-Los citamos aquí o...?-
-Salgamos a la calle. Necesitamos el cotilleo de la gente y que nos vean actuar. El asesino debe ver que lo estamos buscando. Nos tomará más tiempo si se esconde, pero al menos evitaremos que se lleve pronto otra vida.-
-Bien, así lo haremos. Por cierto, noté algo ahí adentro con respecto a Ariel...-
-Mujer, no sé de qué hablas.- dijo Santos y se retiró esbozando una sonrisa cómplice.
Frente a la comisaría había una cafetería que aún no habían visitado. Santos decidió ir allí acompañado de Javier, mientras Melina y Daniel organizaban una lista de lugares donde podrían obtener información. Dejarlos solos no le agradaba mucho, pero al estar seguro de que Melina tenía cierto interés en Ariel, confió en que sabría defenderse si Daniel intentaba conquistarla. Aún no sabía por qué le daba mala espina, pero no lo consideraba digno de una mujer como ella.

Después de dar las órdenes a ambos, fue a su escritorio a revisar los informes mientras esperaba un horario pico para ir al café en busca de algo de información.
Melina y Daniel se quedaron en la comisaría haciendo lo que Santos les había ordenado.
-Sabes? Debo confesarte que creo que el Detective Herrera no me tiene mucho cariño. Creo que no le cayó bien que le dijera que me parecías una mujer muy bonita. No quisiera incomodarte, pero es que ya no aguanto las ganas de decírtelo.- dijo Daniel en medio de la conversación sobre el trabajo. Melina se ruborizó y no supo que decir en el momento.
-Bueno, ya está, ya te lo he dicho. Ahora si prefieres seguimos con la lista de lugares. Tienes que agregar el Hotel de la zona turística, la conserje es amiga mía y está al tanto de los movimientos de mucha gente de Windenburg.- continuó Daniel al ver que Melina se había quedado sin palabras. -Aunque quizás deba comer algo antes, aún no he almorzado. Quisieras acompañarme? Conozco un lugar aquí cerca...-
-Daniel, disculpa, es que ya hemos almorzado y  quizás no debería ir contigo a solas a ningún lugar que no sea por trabajo. Es que... mira... espero no haberte malinterpretado pero no quisiera que pienses que deseo tener algo contigo.- soltó Melina de pronto. A veces tardaba en reaccionar, pero era sólo porque procesaba las palabras justas.
-Esta bien, entiendo... no te preocupes, sólo me haré un café y comeré un sandwich BTL.- dijo Daniel -Espérame, no tardo.-
Melina se sintió mal por él, pero le gustó ver que él la haya respetado en su decisión. Quizás haya sido demasiado pronto para rechazarlo, aún no sabía qué sentía por Ariel. Tendría que dejar que el tiempo le diera una respuesta.

Santos y Javier pidieron un macchiato en la cafetería mientras observaban. Notaron que el dueño le daba ciertos privilegios a uno de sus clientes, por lo que dedujeron que era habitué del lugar y podría darles cierta información.
Al acercarse Santos a preguntarle su nombre, terminó por enterarse que era el nuevo asistente de Ariel en la morgue. Su nombre era Antonio Molinares.
Al ver que podía tener contacto personal con él en cualquier otro momento, Santos decidió sólo presentarse y volver a su mesa. Al ir hacia ella notó que en una de las mesas fuera de la cafetería, una mujer un poco nerviosa lo observaba. No lo pensó y se acercó a ella.
-Disculpe señorita, será que puedo sentarme a su lado?- dijo Santos en un tono seguro.
Ella no tardó ni un segundo en levantarse y alejarse de él.
Santos desconfió de esta reacción y fue tras ella, esperaba no equivocarse y que ella terminara por acusarlo de acoso callejero o tildándolo de lanzado.
-Disculpe, señorita! No debería darle la espalda a un detective de esa manera. Disculpe si la asusté, pero sólo quisiera hablar un minuto con usted.-
De pronto ella comenzó a llorar y Santos no supo bien qué hacer. Lloraba y balbuceaba cosas sin sentido por lo bajo.
Santos se paró frente a ella y en un tono más suave preguntó: -Señorita, se encuentra usted bien? No he querido molestarla.-
Ella sólo atinó a mirarlo profundamente a los ojos.
Santos sintió en ese momento un escalofrío que le recorrió la espalda y sintió como sus pulmones se llenaban completamente del aire de la noche. Luego ella lloró otra vez, desconsoladamente y Santos no pudo más que intentar consolarla, sea lo que sea que le estuviera sucediendo.

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